martes, 16 de octubre de 2007

9 a.m

El metro estropeado y yo con estos pelos. En la parada del autobús que nunca cojo un chaval me mira las piernas sin disimulo. A estas alturas de la película podría ruborizarme, pero es que no tengo ni ganas. Anoche un tipo bastante guapo se me acercó en el bar donde acabo siempre, “Te invito a una copa”. Quería decirle sí, venga, ponme una, vámonos por ahí, pero solo fui capaz de emitir una especie de gruñido malhumorado y cambiar el cruce de piernas. El otro día se cayó el frasco de mi perfume favorito y ni me importó. Ahora toda la casa huele a frutas de diseño. Llega el autobús y el chaval hace por sentarse cerca de mí. Que curioso, pienso en la de veces que eso me haría gracia y ahora no puedo ni mirarle. Los frenazos del autobús me ponen nerviosa, se me cae el bolso. Que asco de mañana.

Antes de llegar al portal engancho el tacón en una rendija y pierdo un zapato. Si lo recojo es por que no soy la cenicienta y nadie me lo va a traer. Un señor me ayuda con el bolso, la cartera y el zapato. “¿Está usted bien? ¿Necesita un café?”. Me estoy haciendo experta en emitir bufidos. He comprado el periódico a ver si dice algo del fin de mundo, pero al parecer ellos aún no se han enterado. Están todos locos.

En la oficina ni siquiera llama nadie. Se me hace tan grande que tengo que esconderme debajo de la mesa para no echarte tanto de menos. Todavía me duele todo, pero no se dónde ponerme la tirita, ni qué curarme...


Diciembre 2006

1 ME CUENTAN QUE...:

juan rafael dijo...

¿Una retrospectiva sacada de la página de tu diario?